Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -¿Por qué no?, respondió Consejo. ¿No hemos creído acaso, en el narval del señor?
-En lo que estábamos errados, Consejo.
-¡Sin duda! Pero es probable que haya quien siga creyéndolo.
-Puede ser, le respondí a Consejo. Por mi parte estoy decidido a no admitir, en adelante, la existencia de semejantes monstruos hasta que los haya disecado con mis propias manos.
-¿De modo que el señor no cree que existan esos pulpo?
-¡Quién demonios iba a creer en ellos!, exclamó el canadiense.
-Mucha gente, amigo Ned.
-Pero no los pescadores. ¡Tal vez los sabios!
-Perdone usted, Ned. ¡Pescadores y sabios!