Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Pues yo que les estoy hablando, dijo Consejo con el aire más serio del mundo, recuerdo perfectamente haber visto una gran embarcación arrastrada bajo el agua por los brazos de un cefalópodo.
-¿Ha visto usted eso?, preguntó el canadiense.
-SÃ, Ned.
-¿Con sus propios ojos?
-Con mis propios ojos.
-¿Y dónde, si puede decÃrmelo?
-En Saint-Maló, respondió imperturbable Consejo.
-¿En el puerto?, dijo Ned Land irónico.
-No, en una iglesia, respondió Consejo.
-¡En una iglesia!, exclamó el canadiense.
-SÃ, amigo Ned. Era un cuadro que representaba al pulpo en cuestión.
-¡Bueno está!, dijo Ned Land soltando la carcajada. El señor Consejo me hizo caer en el lazo.