Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -En verdad, tiene razón, dije yo. He oído hablar de ese cuadro; pero el tema que interpreta está tomado de una leyenda y usted sabe lo que debe pensarse de las leyendas en materia de historia natural. Por otra parte, cuando se trata de monstruos, la imaginación se complace en los mayores extravíos. No solamente se ha afirmado que los pulpos podían arrastrar navíos, sino que un tal Olaus Magnus se refiere a un cefalópodo de una milla de largo, que más se parecía a una isla que a un animal. Cuentan, también, que el obispo de Nidros levantó un día un altar en un peñasco inmenso. Al concluir la misa, se puso en marcha la roca y se volvió al mar. Aquel peñasco era un pulpo.
-¿Y eso es todo?, preguntó el canadiense.
-No, le respondí. Otro obispo, Pontoppidam de Berghem, habla igualmente de un pulpo sobre el cual podía maniobrar un regimiento de caballería.
-¡Vaya, cómo las gastaban los obispos de otros tiempos!