Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino ¡Qué escena! El infeliz asido por el tentáculo y pegado a las ventosas, se balanceaba en el aire al capricho de aquella enorme trompa. Entre estertores, ahogado, clamaba: ¡Socorro! ¡Ayuda! Estas palabras, pronunciadas en francés, me produjeron tremendo estupor. ¡HabÃa, pues, un compatriota mÃo a bordo, varios quizás! ¡En toda mi vida no, podré olvidar aquel llamado desgarrador!
El desventurado estaba perdido. ¿Quién lograrÃa librarlo de la mortal sujeción, Sin embargo, el capitán Nemo se habÃa abalanzado contra el pulpo y de un hachazo le habÃa cortado otro brazo. Su segundo se hallaba empeñado en encarnizada lucha con otros monstruos que se arrastraban por los costados del Nautilus. La tripulación repartÃa denodados hachazos a diestra y siniestra.
El canadiense, Consejo y yo hundÃamos nuestras armas en las masas carnosas. Era horrible. Por un instante creà que al desdichado prisionero del pulpo lo arrancarÃamos de la potente succión. Siete de los ocho brazos estaban cortados. Uno solo, retorciéndose en el aire, blandÃa a la vÃctima como una,pluma. Pero en el momento en que el capitán Nemo y su segundo se lanzaban contra él, el animal arrojó un chorro de lÃquido negruzco, segregado por una bolsa que llevan en el abdomen. Quedamos cegados. Cuando la nube negra se disipó, el calamar habÃa desaparecido y con él mi infortunado compatriota.