Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Señor, me dijo ese dÃa, es preciso ponerle término a esto. Quiero salir de dudas. Su amigo el capitán se aleja de las tierras y sube hacia el norte. Pero yo le digo a usted que para mà ha sido suficiente con el polo sur y no tengo ganas de seguirlo al polo norte.
-¿Qué podemos hacer, Ned, si la evasión no es factible en este momento?
-Insisto en lo que le dije. Es preciso hablar con el capitán. No le habló usted cuando estábamos en las aguas de su paÃs. Quiero que le hable ahora, mientras nos encontramos en los mares del mÃo. ¡Cuándo pienso en que dentro de unos dÃas el Nautilus pasará a la altura de Nueva Escocia y que desde allÃ, hacia Terranova, se abre una ancha bahÃa y que en esa bahÃa se echa el San Lorenzo y que el San Lorenzo es mi rÃo, el rÃo de Quebec, mi ciudad natal, cuando pienso en esto, me hierve la sangre y se me ponen de punta los cabellos! ¡Vea usted, señor, prefiero arrojarme al mar! ¡No he de quedarme aquÃ! ¡Aquà yo me ahogo!