Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino El canadiense se hallaba visiblemente a punto de perder la paciencia. Su temperamento vigoroso no soportaba el cautiverio prolongado. Se le alteraban los rasgos dÃa a dÃa; se le ponÃa el genio cada vez más áspero. Yo comprendÃa cuánto lo agobiaban sus padecimientos, puesto que a mà también me embargaba la nostalgia. Cerca de siete meses habÃan transcurrido sin que nos llegara noticia alguna de la tierra. Además, el 'aislamiento en que se mantenÃa el capitán Nemo, el cambio operado en su humor, sobre todo después del combate con los pulpos, su conducta taciturna, todo me hacÃa ver las cosas con aspecto diferente. Ya no sentÃa el entusiasmo de los primeros dÃas. Era menester ser flamenco, como Consejo, para aceptar aquella situación en un ambiente reservado a los cetáceos y otros pobladores del mar. ¡En verdad, si el buen muchacho en lugar de pulmones hubiera tenido branquias, yo creo que serÃa un pez distinguido!
-¿Y bien, señor, prosiguió Ned Land, viendo que yo no le respondÃa.