Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -¡Ah, con que sabes quién soy, tú, arma de un poder maldito!
¡Tampoco a mà me fue necesario ver los colores de tu bandera para reconocerte! ¡Mira! ¡Te haré ver los mÃos!
Y el capitán Nemo desplegó en la proa un pabellón negro, como el que habÃa plantado en el polo sur. En ese momento, tocó el casco del Nautilus una bala, sin dañarlo, y pasando de rebote junto al capitán, se perdió en el mar. El capitán se encogió de hombros; luego, dirigiéndose a mÃ:
-Bajen, me dijo con tono imperioso, bajen, usted y sus compañeros.
-Señor, exclamé, ¿se propone atacar a ese navÃo?
-Lo hundiré, señor.
-¡No hará usted semejante cosa!