Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -¡Hay que aguantar, dijo Ned, y atornillar de nuevo las tuercas!
¡Si seguimos prendidos del Nautilus, quizás podamos salvarnos!
No había terminado de decirlo cuando se produjo un fuerte crujido; las tuercas saltaron y la canoa arrancada de su alvéolo salió disparada, como la piedra de una honda, al medio del torbellino. Yo di con la cabeza en una cuaderna de hierro y, con el choque violento, perdí el sentido.