Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -¡Socorro! Fue el último grito que lancé. Se me llenó de agua la boca. Luché afanosamente contra la fuerza que me arrastraba al abismo. De pronto me asió de la ropa una mano vigorosa, me sentí levantado con violencia a la superficie y oí, sí, oí estas palabras que me decían al oído:
-Si el señor quiere tener la extremada gentileza de apoyarse en mi hombro, el señor nadará con mayor soltura.
Apreté con la mano el brazo de mi fiel Consejo.
-¡Tú, exclamé, tú!
-Yo mismo, respondió Consejo, y a las órdenes, del señor.
-¿El choque te arrojó al mar al mismo tiempo que a mí?
-De ningún modo. Pero como estoy al servicio del señor, he seguido al señor.
¡Al digno mozo le parecía eso lo más natural!