Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino El choque entre la fragata y el cetáceo se produjo hacia las once de la noche, más o menos. Nos quedaban, pues, ocho horas de estar a flote hasta que saliera el sol. Operación practicable en rigor, si nos relevábamos. El mar, bastante tranquilo, nos fatigaba poco. A veces, trataba yo de atravesar con la mirada aquellas espesas tinieblas que rompÃa solamente la fosforescencia provocada por nuestros movimientos. Yo miraba las ondas luminosas que mi mano quebraba y cuya capa reverberante manchaban unas placas lÃvidas. Hubiérase dicho que estábamos sumergidos en un baño, de mercurio.
A eso de la una me invadió una gran fatiga. Los miembros se me endurecÃan, paralizados por violentos calambres. Hubo de sostenerme Consejo, y el cuidado de nuestra conservación recayó totalmente en él. Al poco rato oà que el pobre muchacho jadeaba; la respiración se le hizo más corta y precipitada. Comprendà que no podrÃa resistir mucho tiempo.