Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Y Consejo lanzó al espacio con desesperación un nuevo llamado. Esta vez, ¡no había duda posible! Una voz humana respondía a la nuestra. ¿Sería la de algún infeliz abandonado en medio del océano, alguna otra víctima del choque experimentado por el navío? ¿O, más bien, una embarcación de la fragata nos estaba llamando en la oscuridad, Consejo realizó un supremo esfuerzo y apoyándose en mi hombro, mientras yo resistía con una postrer convulsión, se irguió a medias fuera del agua, y volvió a caer agotado.
-¿Qué has visto?
-He visto..., murmuró, he visto.... ¡pero no hablemos, reservemos nuestras fuerzas!
¿Qué habría visto? Entonces, no sé por qué, el pensamiento del monstruo se me ocurrió por primera vez... Sin embargo, ¿esa voz?...
¡Ya no estamos en los tiempos en que los Jonás se refugiaban en el vientre de las ballenas!