Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Si hubiera descubierto por casualidad la existencia del ser más fabuloso, más mitológico, no se habrÃa sorprendido tanto mi razón. Que todo prodigio provenga del Creador, es fácil aceptarlo. ¡Pero encontrar de pronto, ante los propios ojos, lo imposible misteriosa y humanamente realizado, era como para confundir el ánimo!
No habÃa opción posible. Nos hallábamos, efectivamente, tendidos sobre una especie de embarcación submarina, cuya forma, por lo que me era dado apreciar, se asemejaba a la de un inmenso pez de acero. El parecer de Ned Land era terminante al respecto. Consejo y yo no pudimos menos que adoptarlo.
¿Entonces, dije, este aparato debe contener un mecanismo de locomoción y una tripulación que lo maneje?
-Evidentemente, respondió el arponero, y con todo, desde hace tres horas que habito esta isla flotante no he notado en ella señal alguna de vida.
-¿Esta embarcación no se ha movido-No, señor Aronnax. Se deja mecer por las olas, pero no se mueve.
-Sabemos, sin embargo, que puede desarrollar gran velocidad y como hace falta una máquina para producir esa velocidad y un mecánico para manejar la máquina, saco en conclusión que estamos salvados.
-¡Hum!, hizo Ned Land con tono dubitativo.