Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra DeberÃamos conocerlas más tarde; pero consultando el mapa de Olsen, vi que las evitábamos bordeando el sinuoso lÃmite de la orilla. En efecto, el gran movimiento plutónico se ha concentrado sobre todo en el interior de la isla; allà las capas horizontales de rocas superpuestas, llamadas trapps en lengua escandinava, las bandas traquÃticas, las erupciones de basalto, de tobas, de todos los conglomerados volcánicos, las corrientes de lava y de pórfiro en fusión, han hecho un paÃs de un horror sobrenatural. No podÃa sospechar yo el espectáculo que nos esperaba en la penÃnsula del Sneffels, donde esos estragos de una naturaleza fogosa forman un formidable caos.
Dos horas después de haber abandonado Reikiavik llegábamos al burgo de Gufunes, llamado «aoalkirkja», o iglesia principal. No ofrecÃa nada notable. Se trataba de algunas casas tan sólo. En Alemania apenas habrÃan sido suficientes para parecer un caserÃo.
Hans se detuvo allà media hora; compartió nuestro frugal almuerzo, respondió con un sà o un no a las preguntas de mi tÃo sobre la naturaleza del camino, y cuando se le preguntó en qué lugar esperaba pasar la noche, sólo dijo:
—Gardär.
Consulté el mapa para saber qué era Gardär. Vi un villorrio de ese nombre a orillas del Hvalfjörd, a cuatro millas de Reikiavik. Se lo mostré a mi tÃo.