Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —Kyrkoherde —dijo Hans volviéndose hacia mi tÃo.
—¡El rector! —repitió este último—. Parece que este buen hombre es el rector, Axel.
Mientras tanto, el guÃa ponÃa al kyrkoherde al corriente de la situación; éste, suspendiendo su trabajo, lanzó una especie de grito que sin duda debÃa ser familiar a caballos y chalanes, y al punto una enorme arpÃa salió de la cabaña. Si no medÃa seis pies de alto, poco le faltaba.
Yo temÃa que viniera a ofrecer a los viajeros el beso islandés; pero no fue asÃ, e incluso no puso muy buena cara al introducirnos en su casa.
La habitación para forasteros me pareció la peor del presbiterio, estrecha, sucia e infecta. Tuvimos que contentarnos con ella. El rector no parecÃa practicar la hospitalidad antigua. Todo lo contrario. Antes de finalizar el dÃa, vi que tenÃamos que vérnoslas con un herrero, con un pescador, con un cazador, con un carpintero, y no con un ministro del Señor. Bien es verdad que estábamos en dÃa laborable. Quizá se desquitaba el domingo.