Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra La cena fue devorada rápidamente y la pequeña tropa se instaló lo mejor que pudo. La cama era dura, el abrigo insuficiente y la situación muy penosa, a cinco mil pies sobre el nivel del mar. Sin embargo, mi sueño fue particularmente tranquilo durante aquella noche, una de las mejores que pasaba desde hacía tiempo. Ni siquiera soñé.
Al día siguiente, medio congelados por un viento muy fuerte, nos despertaron los rayos de un espléndido sol. Dejé mi cama de granito y fui a gozar del magnífico espectáculo que se ofrecía a mis ojos.