Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Mientras hablaba asÃ, mi tÃo abrÃa y cerraba sucesivamente el viejo libraco. Yo no podÃa hacer otra cosa que interrogarle sobre su contenido, aunque no me interesaba para nada.
—¿Y cuál es el tÃtulo de este maravilloso volumen? —pregunté con una solicitud demasiado entusiasta para no ser fingida.
—¡Esta obra —respondió mi tÃo animándose— es el Heims-Kringla, de Snorre Turleson, el famoso autor irlandés del siglo XII! ¡Es la crónica de los prÃncipes noruegos que reinaron en Islandia!
—¿De veras? —exclamé lo mejor que pude—. Y sin duda es una traducción al alemán.
—¡Vamos! —respondió enojado el profesor—. ¡Una traducción…! ¿Qué iba a hacer yo con tu traducción? ¿Quién se preocupa de traducciones? ¡Es la obra original en lengua islandesa, ese magnÃfico idioma, rico y sencillo a la vez, que permite las combinaciones gramaticales más variadas y numerosas modificaciones de palabras!
—Como el alemán —insinué yo con bastante acierto.
—Sà —respondió mi tÃo encogiéndose de hombros—, sin contar con que la lengua islandesa admite los tres géneros como el griego, y declina los nombres propios como el latÃn.