Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —¡Ah! —dije, con mi indiferencia algo quebrantada—. ¿Y son hermosos los caracteres de ese libro?
—¡Caracteres! ¿Quién te habla de caracteres, desdichado Axel? ¡Vaya con los caracteres! ¡Ah! ¿Tomas esto por un impreso? Pero, ignorante, es un manuscrito, y un manuscrito rúnico.
—¿Rúnico?
—¡SÃ! ¿Vas a pedirme ahora que te explique esa palabra?
—Me guardaré mucho de hacerlo —repliqué yo en el tono de un hombre herido en su amor propio.
Pero mi tÃo siguió, a pesar de todo, y me instruyó contra mi voluntad en cosas que apenas me interesaba saber.
—Las runas —continuó— eran caracteres de escritura usados antiguamente en Islandia, ¡y según la tradición fueron inventados por el mismo OdÃn! ¡Pero mira y admira, impÃo, estos tipos que salieron de la imaginación de un dios!
Confieso que a falta de réplica iba a prosternarme, género de respuesta que debe agradar tanto a los dioses como a los reyes, porque tiene la ventaja de no azorarlos nunca, cuando un incidente vino a desviar el curso de la conversación.
Fue la aparición de un mugriento pergamino que se deslizó del libraco y cayó al suelo.