Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Mi tÃo se precipitó sobre aquella pieza con una avidez fácil de comprender. Un viejo documento, encerrado desde tiempo inmemorial en un viejo libro, no podÃa dejar de tener a sus ojos alto precio.
—¿Qué es esto? —exclamó.
Y al mismo tiempo desplegaba cuidadosamente sobre su mesa un trozo de pergamino de cinco pulgadas de largo y tres de ancho, sobre el que se alineaban caracteres de libro de hechicerÃa, en lÃneas transversales.
He aquà el facsÃmil exacto. Debo dar a conocer estos extraños signos porque impulsaron al profesor Lidenbrock y a su sobrino a emprender la más extraña expedición del siglo XIX:

El profesor contempló durante algunos instantes esta serie de caracteres; luego dijo, quitándose los lentes:
—Es rúnico. ¡Estos tipos son absolutamente idénticos a los del manuscrito de Snorre Turleson! Pero… ¿qué pueden significar?
Como el rúnico me parecÃa un invento de sabios para engañar a la pobre gente, no me preocupó ver que mi tÃo no comprendiese nada. Al menos eso fue lo que me pareció por el movimiento de sus dedos que comenzaban a agitarse terriblemente.
—¡Y, sin embargo, es antiguo islandés! —murmuraba entre dientes.