Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —¡Al cráter! —dijo.
El cráter del Sneffels era como un cono invertido, cuyo orificio podÃa tener media legua de diámetro. Estimé su profundidad en unos dos mil pies aproximadamente. Júzguese el estado de un recipiente semejante cuando se llena de truenos y llamas. El fondo del embudo no debÃa medir más de quinientos pies de perÃmetro, de forma que sus pendientes, bastante suaves, permitÃan llegar con facilidad a su parte inferior. Involuntariamente comparé aquel cráter con un enorme trabuco de boca ancha, y la comparación me espantaba.
«Descender a un trabuco —pensaba— cuando quizá esté cargado y puede disparar al menor choque, es cosa de locos».
Pero no podÃa retroceder. Con aire indiferente, Hans volvió a ponerse al frente de la tropa. Le seguà sin decir palabra.
A fin de facilitar el descenso, Hans describÃa en el interior del cono elipsis muy alargadas. HabÃa que caminar en medio de rocas eruptivas, algunas de las cuales, desgajadas de sus alveolos, se precipitaban dando saltos hasta el fondo del abismo. Su caÃda ocasionaba repercusiones de ecos de una sonoridad extraña.