Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Al día siguiente un cielo gris, nuboso, pesado, cayó sobre la cima del cono. Me di cuenta de ello tanto por la oscuridad del abismo como por la cólera que se apoderó de mi tío.
Pronto comprendí el motivo, y un resto de esperanza reapareció en mi ánimo. La razón era la siguiente:
De las tres rutas abiertas bajo nuestros pies, sólo una había sido seguida por Saknussemm. Según el sabio islandés, debíamos reconocerla por la particularidad señalada en el criptograma: la sombra del Scartaris venía a acariciar sus bordes durante los últimos días del mes de junio.
En efecto, podíamos considerar aquel pico agudo como la aguja de un inmenso cuadrante solar cuya sombra señalaba, en un día determinado, el camino del centro del globo.
Pero si faltaba el sol, no había sombra. Y, por consiguiente, no había indicación. Estábamos a 25 de junio. Si el cielo seguía cubierto durante seis días, habría que posponer la observación para otro año.