Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Mientras tanto seguÃamos descendiendo; me parecÃa que las piedras desprendidas de las paredes eran engullidas con una repercusión más amortiguada, y que debÃan encontrar antes el fondo del abismo.
Como habÃa tenido la precaución de anotar exactamente nuestras maniobras de cuerda, pude calcular exactamente la profundidad alcanzada y el tiempo transcurrido.
En aquel momento habÃamos repetido catorce veces aquella operación, que nos ocupaba media hora. Por lo tanto eran siete horas, más catorce cuartos de hora de descanso, a tres horas y media. En total diez horas y media. HabÃamos partido a la una; en aquel momento debÃan ser las once.
En cuanto a la profundidad que habÃamos alcanzado, las catorce maniobras de una cuerda de doscientos pies daban dos mil ochocientos pies.
En aquel momento se dejó oÃr la voz de Hans.
—Halt! —dijo.
Me detuve en seco en el instante en que iba a golpear con los pies la cabeza de mi tÃo.
—Hemos llegado —dijo éste.
—¿Dónde? —pregunté yo, dejándome resbalar junto a él.
—Al fondo de la chimenea perpendicular.
—¿No hay otra salida?