Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —Pero quizá esta corriente se prolongue a grandes profundidades. Me parece que aún no hemos avanzado mucho verticalmente.
—¿Qué te hace suponer eso?
—Que si lo hubiéramos hecho, el calor serÃa mayor.
—Según tu teorÃa, sà —respondió mi tÃo—. ¿Qué indica el termómetro?
—Apenas quince grados, lo que en total sólo supone un aumento de nueve grados desde nuestra partida.
—¿Cuál es tu conclusión?
—La siguiente: según las observaciones más exactas, el aumento de la temperatura en el interior del globo es de un grado cada cien pies. Pero ciertas condiciones locales pueden modificar esa cifra. Asà en Yakust, en Siberia, se ha observado que cada treinta pies se produce el aumento de un grado. Esta diferencia depende, evidentemente, de la conductibilidad de las rocas. También añadiré que en las cercanÃas de un volcán apagado, y a través de los gneis, se ha observado que la elevación de la temperatura era sólo de un grado por cada ciento veinticinco pies. Sigamos, pues, esta última hipótesis, que es la más favorable, y calculemos.
—Calcula, muchacho.
—Nada más fácil —dije yo, anotando las cifras en mi cuaderno—. Nueve por ciento veinticinco pies, total mil ciento veinticinco pies de profundidad.