Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —Escúchame hasta el final —continuó el profesor forzando la voz—. Mientras tú yacÃas ahà sin movimiento, he ido a reconocer la conformación de esta galerÃa. Se hunde directamente en las entrañas del globo, y dentro de pocas horas nos conducirá al macizo granÃtico. En ella debemos encontrar manantiales abundantes. Asà lo quiere la naturaleza de la roca, y el instinto está de acuerdo con la lógica en apoyo de mi convicción. Ahora bien, lo que tengo que proponerte es esto: cuando Colón pidió tres dÃas a sus marineros para dar con las nuevas tierras, su tripulación, enferma y espantada, accedió a su demanda, y él descubrió el Nuevo Mundo. Yo, el Colón de estas regiones subterráneas, sólo te pido un dÃa. Si transcurrido ese tiempo no he encontrado el agua que nos hace falta, te juro que volveremos a la superficie de la Tierra.
A pesar de mi irritación, quedé conmovido por aquellas palabras y por la contención que mi tÃo empleaba para hablar con semejante lenguaje.
—¡Bien —exclamé—, que sea lo que usted desea, y que Dios recompense su energÃa sobrehumana! Sólo tiene usted unas pocas horas para tentar al destino. ¡En marcha!