Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra «¡Hans nos abandona! —pensé—. ¡Hans, Hans!».
Gritaba estas palabras dentro de mÃ. No iban más lejos. Sin embargo, tras el primer instante de terror, sentà vergüenza de mi suspicacia contra un hombre cuya conducta hasta entonces nada tenÃa de sospechosa. Su marcha no podÃa ser una fuga. En lugar de remontar la galerÃa, la bajaba. Un propósito falaz le hubiera arrastrado hacia arriba, no hacia abajo. Este razonamiento me calmó un poco, y volvà a otro orden de ideas. Sólo un motivo grave habÃa podido sacar a Hans, aquel hombre pacÃfico, de su reposo. ¿Iba a la aventura? ¿HabÃa oÃdo durante la silenciosa noche algún murmullo cuya percepción no habÃa llegado hasta mÃ?