Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Lógicamente, en aquella falla el Hans-bach se convertía en cascada, con detrimento de su volumen; pero bastaba y sobraba para apagar nuestra sed; además, en los declives menos acusados volvía a recuperar su curso apacible. En aquel momento me recordaba a mi digno tío con sus impaciencias y rabietas, mientras que en las pendientes suaves parecía la calma del cazador islandés.
El 11 y el 12 de julio seguimos las espirales de aquella grieta, penetrando aún dos leguas más en la corteza terrestre, lo que suponía unas cinco leguas por debajo del nivel del mar. Pero el 13, hacia mediodía, la hendidura giró en dirección sureste, con una inclinación mucho más suave, de unos cuarenta y cinco grados.
El camino se volvió entonces fácil y de una monotonía total. Era difícil que fuera de otro modo. El viaje no podía ser variado por las incidencias del paisaje.
Por último, el miércoles 15 ya estábamos a siete leguas bajo tierra y a unas cincuenta aproximadamente del Sneffels. Aunque estuviéramos algo fatigados, nuestra salud se mantenía en un estado tranquilizador, y el botiquín de viaje todavía se hallaba intacto.