Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Miré el instrumento, y tras un examen atento respondÃ:
—Este-cuarto-sur-este.
—¡Bien! —dijo el profesor anotando la observación y realizando algunos cálculos rápidos—. De lo que deduzco que hemos hecho ochenta y cinco millas desde nuestro punto de partida.
—¿O sea que viajamos bajo el Atlántico?
—Exacto.
—¿Y en este momento quizá está desencadenándose una tempestad en él, y hay navÃos sacudidos sobre nuestras cabezas por las olas y el huracán?
—Puede ser.
—¿Y las ballenas van a golpear con su cola los muros de nuestra prisión?
—TranquilÃzate, Axel, no conseguirán romperlos. Pero volvamos a nuestros cálculos. Estamos en el sureste, a ochenta y cinco leguas de la base del Sneffels, y, según mis notas anteriores, estimo en dieciséis leguas la profundidad alcanzada.
—¡Dieciséis leguas! —exclamé.
—Claro.
—Pero ése es el lÃmite máximo asignado por la ciencia al espesor de la corteza terrestre.
—No digo que no.