Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —Y aquÃ, según la ley del aumento de la temperatura, deberÃa existir un calor de mil quinientos grados.
—«DeberÃa», muchacho.
—Y todo este granito no podrÃa mantenerse en estado sólido y se hallarÃa en plena fusión.
—Ya ves que no ocurre nada de eso y que los hechos, siguiendo su costumbre, vienen a desmentir a las teorÃas.
—Me veo obligado a admitirlo, pero me asombra.
—¿Qué indica el termómetro?
—Veintisiete grados y seis décimas.
—Faltan, por tanto, mil cuatrocientos setenta grados y cuatro décimas para que los sabios tengan razón. De manera que el incremento proporcional de la temperatura es un error. Humphry Davy no se equivocaba. Está claro que no hice mal escuchándole. ¿Qué tienes que responder?
—Nada.
En verdad, habrÃa tenido muchas cosas que decir. Yo no admitÃa en modo alguno la teorÃa de Davy, seguÃa sosteniendo la del calor central, aunque no sintiera sus efectos. Realmente, preferÃa admitir que aquella chimenea de un volcán apagado, recubierta por las lavas con un barniz refractario, no permitÃa que la temperatura se propagara a través de sus paredes.