Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra «Además —pensé—, tengo un medio seguro de no extraviarme; un hilo para guiarme en este laberinto y que no podrÃa romperse: mi fiel riachuelo. No tengo más que remontar su curso, y forzosamente encontraré las huellas de mis compañeros».
Este razonamiento me reanimó, y resolvà ponerme de nuevo en marcha sin perder un instante.
¡Cómo bendije entonces la previsión de mi tÃo al impedir al cazador taponar el agujero hecho en la pared de granito! De este modo, aquel manantial bienhechor, después de haber apagado nuestra sed durante el camino, iba a guiarme a través de las sinuosidades de la corteza terrestre.
Antes de seguir subiendo, pensé que una ablución me proporcionarÃa algún bienestar.
Me agaché, pues, para hundir mi frente en el agua del Hans-bach.
¡Y cuál no serÃa mi estupefacción!
¡Estaba pisando un granito seco y pedregoso! ¡El riachuelo ya no corrÃa a mis pies!