Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —Hay que tener calma —dije en alta voz—. Estoy seguro de volver a encontrar a mis compañeros. ¡No hay otro camino! Por tanto, si yo iba delante, volvamos hacia atrás.
Subà durante una media hora. Escuché por si me buscaban, ya que en aquella atmósfera tan densa, su llamada podÃa llegarme desde muy lejos. Un silencio extraordinario reinaba en la inmensa galerÃa.
Me detuve. No podÃa creer en mi soledad. PreferÃa estar extraviado, no perdido. Al primero se le encuentra.
—Veamos —repet×, puesto que sólo hay un camino y ellos lo siguen, debo alcanzarlos. Bastará con seguir subiendo. A menos que, al no verme, y olvidando que yo iba delante, se les haya ocurrido la idea de retroceder. Pues bien, en tal caso, dándome prisa, los encontraré. ¡Es evidente!
Repetà estas últimas palabras como un hombre que no está convencido. Además, para asociar estas ideas tan simples y reunirlas en forma de razonamiento, hube de emplear un tiempo muy largo.
Entonces una duda se apoderó de mÃ. ¿Iba yo delante? Desde luego, Hans me seguÃa, precediendo a mi tÃo. Se habÃa detenido incluso durante algunos instantes para colocarse sus bultos a las espaldas. Me acordé de ese detalle. En ese mismo momento yo habÃa continuado mi camino.