Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —¿Por qué? ¿Por qué? ¿Qué sé yo? ¿No hizo lo mismo Galileo con Saturno? Además, ya lo veremos: descifraré el secreto de este documento, y no comeré ni dormiré hasta haberlo adivinado.
«¡Oh!», pensé yo.
—Ni tú tampoco, Axel —continuó.
«Diablos —me dije—, ¡qué suerte que he comido por dos!».
—Ante todo —dijo mi tÃo—, hay que encontrar la lengua de esta «clave». No debe de ser difÃcil.
Al oÃr estas palabras, alcé rápidamente la cabeza. Mi tÃo reanudó su soliloquio:
—Nada más fácil. En este documento hay ciento treinta y dos letras, que dan setenta y nueve consonantes por cincuenta y tres vocales. Y, poco más o menos, con esa proporción se han formado las palabras de las lenguas meridionales, mientras que los idiomas del norte son infinitamente más ricos en consonantes. Por tanto, se trata de una lengua del MediodÃa.
Estas conclusiones eran muy justas.
—Pero ¿cuál es esa lengua?
Ahà esperaba yo a mi sabio, en quien, sin embargo, descubrÃa a un profundo analista.