Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —Este Saknussemm —prosiguió— era un hombre instruido; desde el momento en que no escribÃa en su lengua materna, debÃa escoger preferentemente la lengua usual entre los espÃritus cultivados del siglo XVI, es decir, el latÃn. Si me equivoco, podré probar con el español, con el francés, con el italiano, con el griego y con el hebreo. Pero los sabios del siglo XVI escribÃan, por lo general, en latÃn. Por tanto, tengo derecho a decir a priori: esto es latÃn.
Di un brinco en mi silla. Mis recuerdos de latinista se rebelaban contra la pretensión de que aquella serie de palabras estrambóticas pudiera pertenecer a la dulce lengua de Virgilio.
—SÃ, latÃn —continuó mi tÃo—, pero latÃn embrollado.
«Vaya —pensé yo—. Si lo desembrollas, serás muy listo, tÃo».