Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Por tanto me levanté. Me arrastré más que anduve. La pendiente era bastante pronunciada. Me dejé resbalar por ella.
Enseguida la velocidad de mi descenso aumentó en espantosa proporción y amenazaba con parecerse a una caída. Yo no tenía fuerzas para detenerme.
De pronto, el terreno faltó bajo mis pies. Me sentí rodar rebotando sobre la asperezas de una galería vertical, un verdadero pozo. Mi cabeza chocó contra una roca aguda, y perdí el conocimiento.