Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Pero esta ilusión se disipó rápidamente. Éramos las únicas criaturas vivas en aquel mundo subterráneo. En algunos momentos de calma del viento, un silencio más profundo que los silencios del desierto descendÃa sobre las rocas áridas y pesaba en la superficie del océano. Yo trataba entonces de penetrar las lejanas brumas, de desgarrar aquella cortina arrojada sobre el fondo misterioso del horizonte. ¿Qué preguntas se agolpaban en mis labios? ¿Dónde acababa aquel mar? ¿Adónde conducÃa? ¿PodrÃamos reconocer alguna vez las orillas opuestas?
Mi tÃo no parecÃa dudarlo. En cuanto a mÃ, lo deseaba y lo temÃa a la vez.
Tras haber pasado una hora en la contemplación de aquel maravilloso espectáculo, volvimos a tomar el camino de la playa para regresar a la gruta, y me dormà con un sueño profundo bajo el imperio de los más extraños pensamientos.