Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Echo una ojeada a las armas, y me aseguro de que están en buen estado. Mi tÃo me ve hacerlo y aprueba con un gesto.
Amplias agitaciones producidas en la superficie de las olas indican la turbación de capas remotas. El peligro está cerca. Hay que vigilar.
Martes, 18 de agosto. Llega la noche, o mejor el momento en que el sueño pesa sobre nuestros párpados, porque este océano no tiene noche, y la implacable luz fatiga obstinadamente nuestros ojos, como si navegásemos bajo el sol de los mares árticos. Hans está al timón. Yo duermo durante su turno de vigilancia.
Dos horas después me despierta una sacudida espantosa. La balsa ha sido izada por encima de las olas con una potencia indescriptible y lanzada a veinte toesas de allÃ.
La balsa ha sido izada por encima de las olas.
—¿Qué pasa? —grita mi tÃo—. ¿Hemos chocado?
Hans señala con el dedo una masa negruzca que, a una distancia de doscientas toesas, sube y baja sucesivamente. Miro y exclamo:
—¡Es una marsopa colosal!
—Sà —replica mi tÃo—, y allà tenemos un lagarto colosal de un grosor poco común.