Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Se lo hago observar a mi tío, que mueve la cabeza. Sin embargo, tengo la convicción de no equivocarme. ¿Correremos, pues, hacia una catarata que nos precipitará en el abismo? Es posible que esta manera de descender guste al profesor, porque se acerca a la vertical, pero a mí…
En cualquier caso, a pocas leguas de distancia en dirección al viento debe haber algún fenómeno ruidoso, porque los bramidos se escuchan ahora con gran violencia. ¿Vienen del cielo o del océano?
Dirijo mis miradas hacia los vapores suspendidos en la atmósfera y trato de averiguar su profundidad. El cielo está tranquilo. Las nubes, arrastradas a lo más alto de la bóveda, parecen inmóviles y se pierden en la intensa irradiación de la luz. Por tanto, hay que buscar en otra parte la causa del rugido.
Interrogo entonces al horizonte puro y libre de toda bruma. Su aspecto no ha cambiado. Pero si ese ruido procede de un salto, de una catarata, si todo este océano se precipita en una cuenca inferior, si esos bramidos son producidos por una masa de agua que cae, la corriente debe acelerarse, y su velocidad en aumento puede darme la medida del peligro que nos amenaza. Miro la corriente. No hay. Una botella vacía que tiro al mar queda al pairo.