Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Mis ojos están deslumbrados por la intensidad de la luz, mis oÃdos se rompen por efecto del estrépito del rayo. ¡¡¡Tengo que agarrarme al mástil, que se pliega como un mimbre bajo la violencia del huracán!!!
..............
[Aquà mis notas de viaje se vuelven muy incompletas. No he encontrado más que algunas observaciones fugaces, tomadas maquinalmente, por decirlo asÃ. Pero en su brevedad, en su oscuridad incluso, están preñadas de la emoción que me dominaba y expresan mejor que mi memoria la impresión de la situación.]
..............
Domingo, 23 de agosto. ¿Dónde estamos? Somos arrastrados con una rapidez inconmensurable.
La noche ha sido espantosa. La tormenta no se calma. Vivimos en medio de fragores, en una detonación incesante. Nuestros oÃdos sangran. No podemos intercambiar ni una palabra.
Los relámpagos no cesan. Veo zigzags en retroceso que, tras un destello rápido, vuelven de abajo arriba y van a golpear la bóveda de granito. ¿Y si se desmoronase? Otros relámpagos se bifurcan o adoptan la forma de globos de fuego que estallan como bombas. El estrépito general no parece aumentar; ha superado el lÃmite de intensidad que puede percibir el oÃdo humano, y aunque todos los polvorines del mundo saltaran juntos «no podrÃamos oÃr más».