Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Mientras tanto, el mástil resiste. La vela se tensa como un globo dispuesto a reventar. La balsa navega con una velocidad que no puedo calcular, pero no tan rápida como las gotas de agua desplazadas bajo ella, cuya rapidez traza lÃneas rectas y nÃtidas.
—¡La vela! ¡La vela! —grito yo haciendo seña de arriarla.
—No —responde mi tÃo.
—Nej —dice Hans, moviendo suavemente la cabeza.
Sin embargo, la lluvia forma una catarata rugiente ante aquel horizonte hacia el que corremos como insensatos. Pero antes de que llegue hasta nosotros, el velo de nubes se desgarra, el mar entra en ebullición y se inicia cierta electricidad producida por una vasta acción quÃmica que se opera en las capas superiores. A los estallidos del trueno se mezclan los destellos resplandecientes del rayo; innumerables relámpagos se entrecruzan en medio de las detonaciones; la masa de vapores se vuelve incandescente; los granizos que golpean el metal de nuestras herramientas y de nuestras armas se vuelven luminosos; las olas encrespadas parecen ser otros tantos montecillos ignÃvomos bajo los que anida un fuego interno, y cada cresta está empenachada por una llama.