Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra ¿Por qué no puedo apartar el pie? Está clavado a la balsa. Ah, la caída del globo eléctrico ha imantado todo el hierro de a bordo; los instrumentos, las herramientas, las armas se agitan chocando entre sí con un ruido agudo; los clavos de mi calzado se adhieren con fuerza a una placa de hierro incrustada en la madera. ¡No puedo apartar el pie!
Por fin, con un violento esfuerzo, lo arranco en el momento en que la bola iba a atraparlo en su movimiento giratorio y arrastrarme a mí, si…
¡Ah, qué luz tan intensa! ¡El globo estalla! ¡Nos vemos cubiertos por chorros de llamas!
Luego todo se apaga. He tenido tiempo de ver a mi tío tendido en la balsa. Hans siempre al timón y «escupiendo fuego» bajo el influjo de la electricidad que le penetra.
—¿Adónde vamos? ¿Adónde vamos?
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Martes, 25 de agosto. Salgo de un desvanecimiento prolongado. La tormenta continúa; los relámpagos se desencadenan como una nidada de serpientes soltada en la atmósfera.
¿Seguimos en el mar? Sí, arrastrados a una velocidad incalculable. ¡Hemos pasado bajo Inglaterra, bajo la Mancha, bajo Francia, quizá bajo toda Europa!
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