Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —Es un viaje muy largo, muchacho; pero sólo se puede afirmar que estamos bajo el Mediterráneo y no de TurquÃa o del Atlántico si no se ha desviado nuestra dirección.
—No, el viento parecÃa constante; pienso, pues, que esta orilla debe situarse al sureste de Puerto Graüben.
—Bueno, eso es fácil de comprobar consultando la brújula. ¡Vamos a verlo!
El profesor se dirigió hacia la roca sobre la que Hans habÃa puesto los instrumentos. Estaba contento, alegre, se frotaba las manos, hacÃa muecas. ¡Un auténtico joven! Yo le seguÃ, bastante intrigado por saber si me equivocaba en mis suposiciones.
Llegado a la piedra, mi tÃo cogió el compás, lo puso horizontalmente y observó la aguja, que, tras oscilar, se detuvo en una posición fija bajo el influjo magnético.
Mi tÃo miró, luego se frotó los ojos y observó de nuevo. Por fin se volvió hacia mà estupefacto.
—¿Qué pasa? —pregunté.
Me hizo señas de examinar el instrumento. Se me escapó una exclamación de sorpresa. La punta de la aguja marcaba el Norte donde nosotros suponÃamos el mediodÃa. Se volvió hacia la playa en vez de hacerlo hacia pleno mar.