Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —En efecto, la última observación la hicimos en el islote del géiser…
—En el islote Axel, muchacho. No declines el honor de haber bautizado con tu nombre la primera isla descubierta en el centro del macizo terrestre.
—De acuerdo. En el islote Axel habÃamos hecho aproximadamente doscientas setenta leguas de travesÃa, y nos encontrábamos a más de seiscientas leguas de Islandia.
—Bien, partamos entonces de ese punto, y contemos cuatro dÃas de tormenta, durante los cuales nuestra velocidad no ha debido ser inferior a ochenta leguas cada veinticuatro horas.
—Asà lo creo. Por lo tanto serÃan trescientas leguas más.
—SÃ, y el mar Lidenbrock tendrÃa aproximadamente seiscientas leguas de una orilla a otra. ¿Sabes, Axel, que puede competir en magnitud con el Mediterráneo?
—SÃ, sobre todo si lo hemos cruzado a lo ancho.
—¡Es muy posible!
—Y cosa curiosa —añad×, si nuestros cálculos son exactos, ahora tenemos el Mediterráneo sobre nuestras cabezas.
—¿De veras?
—De veras, porque estamos a novecientas leguas de Reikiavik.