Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Y esto no era todo. Nuevos restos exhumados de un terreno terciario plioceno habÃan permitido a sabios más audaces todavÃa asignar una antigüedad mayor a la raza humana. Cierto que estos restos no eran esqueletos humanos, sino sólo objetos de su industria, tibias, fémures de animales, fósiles labrados, esculpidos por decirlo asÃ, que llevaban la marca de un trabajo humano.
De un salto, el hombre remontaba la escala de los tiempos en un gran número de siglos; precedÃa al mastodonte; se convertÃa en contemporáneo del «elephans meridionalis»; tenÃa cien mil años de existencia, puesto que ésa es la fecha asignada por los geólogos más famosos a la formación del terreno plioceno.
Tal era en ese momento el estado de la ciencia paleontológica, y lo que nosotros conocÃamos del tema bastaba para explicar nuestra actitud ante aquel osario del mar Lidenbrock. Se comprenderá, por tanto, el pasmo y la alegrÃa de mi tÃo, sobre todo cuando veinte pasos más adelante se encontró en presencia, podemos decir que frente a frente, de uno de los especÃmenes del hombre cuaternario.