Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —Evidentemente —le dije—, no hemos atracado en nuestro punto de partida; la tempestad nos ha traÃdo un poco más abajo y siguiendo la orilla volveremos a Puerto Graüben.
—En tal caso —respondió mi tÃo—, es inútil proseguir esta exploración, y lo mejor será regresar a la balsa. Pero ¿no te equivocas, Axel?
—Es difÃcil pronunciarse, tÃo, porque todas estas rocas se parecen. Sin embargo, creo reconocer el promontorio a cuyo pie construyó Hans la embarcación. Debemos estar cerca del pequeño puerto, si es que no es éste —añadÃ, examinando una pequeña ensenada que creÃa reconocer.
—No, Axel, por lo menos encontrarÃamos nuestras propias huellas, y no veo nada.
—Pero yo sÃ, yo sà —exclamé, lanzándome hacia un objeto que brillaba en la arena.
—¿Qué es?
—Esto —respondÃ.
Y mostré a mi tÃo un puñal cubierto de herrumbre que acababa de recoger.
—¡Vaya! —dijo—. ¿O sea que habÃas traÃdo esta arma contigo?
—¿Yo? Nada de eso. Pero usted…
—No, que yo sepa —respondió el profesor—. Este objeto jamás ha sido de mi propiedad.
—¡Sà que es raro!