Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Al tratar de poner un poco de orden en el cargamento, vi que la mayoría de los objetos embarcados había desaparecido en el momento de la explosión, cuando el mar se abalanzó contra nosotros con tanta violencia. Quise saber exactamente a qué atenerme sobre nuestros recursos, y linterna en mano comencé mis indagaciones. De nuestros instrumentos no quedaban más que la brújula y el cronómetro. Las escalas y las cuerdas se reducían a un cabo de cable enrollado alrededor del trozo de mástil. No quedaba ni una sola herramienta: piquetas, picos, martillos y, desgracia irreparable, ¡sólo teníamos víveres para un día!
Registré hasta el menor resquicio de la balsa, todos los rincones formados por los troncos y la unión de las planchas. ¡Nada! Nuestras provisiones consistían únicamente en un trozo de carne seca y algunas galletas.
¡Miré con aire estúpido! ¡No quería comprender! Y, sin embargo, ¿de qué peligro me preocupaba? Aunque los víveres hubieran sido suficientes para meses o para años, ¿cómo salir de los abismos adonde nos arrastraba aquel irresistible torrente? ¿Por qué temer los tormentos del hambre, cuando la muerte se aparecía bajo tantas otras formas? Morir de inanición…, ¿tendríamos tiempo acaso?