Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Sin embargo, por una inexplicable extravagancia de la imaginación, olvidé el peligro inmediato ante las amenazas del futuro, que se me aparecieron en todo su horror. Además, tal vez pudiéramos escapar a los furores del torrente y volver a la superficie del globo. ¿Cómo? Lo ignoro. ¿Dónde? ¿Qué importa? Una posibilidad sobre mil es siempre una posibilidad, mientras que la muerte por hambre no nos dejaba la más mínima posibilidad de esperanza, por pequeña que fuese.
Se me ocurrió decirle todo a mi tío, mostrarle a qué indigencia nos veíamos reducidos, y hacer el cálculo exacto del tiempo que nos quedaba por vivir. Pero tuve el valor de callarme. Quería que conservara toda su sangre fría.
En aquel momento, la luz de la linterna disminuyó poco a poco y se apagó por completo. La mecha había ardido hasta el final. La oscuridad volvió a hacerse absoluta. Ni siquiera podíamos pensar en disipar aquellas tinieblas impenetrables. Sólo quedaba una antorcha, pero no hubiera podido mantenerse encendida. Entonces, como un niño, cerré los ojos para no ver la oscuridad.