Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Tras un lapso de tiempo bastante largo aumentó la velocidad de nuestra carrera. Me di cuenta por el roce del aire en mi cara. La inclinación de las aguas se volvía excesiva. Creo, en verdad, que no nos deslizábamos. Nos hundíamos. Tenía la impresión de una caída casi vertical. La mano de mi tío y la de Hans, aferradas a mis brazos, me retenían con vigor.
De pronto, después de un tiempo incalculable, sentí como un golpe; la barca no había chocado contra un cuerpo duro, pero se había detenido súbitamente en su carrera. Una tromba de agua, una inmensa columna líquida se abatió sobre su superficie. Me sentí asfixiado. Me ahogaba…
Pero aquella inundación repentina no duró mucho. Pocos segundos después me encontré al aire libre, que aspiré a pleno pulmón. Mi tío y Hans me apretaban el brazo hasta romperlo, y la balsa seguía sosteniéndonos a los tres.