Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —SÃ, éstos son los únicos vÃveres que nos quedan; un trozo de carne seca para los tres.
Mi tÃo me miraba sin querer comprender mis palabras.
—Y bien —dije—, ¿aún cree que podemos salvarnos?
Mi pregunta no obtuvo respuesta.
Pasó una hora. Yo comenzaba a sentir un hambre violenta. Mis compañeros también sufrÃan, pero ninguno de nosotros se atrevÃa a tocar aquel miserable resto de alimentos.
Mientras tanto, seguÃamos subiendo con extrema rapidez. A veces el aire nos cortaba la respiración, como a los aeronautas cuya ascensión es demasiado rápida. Pero si éstos sienten un frÃo proporcional a medida que se elevan en las capas atmosféricas, nosotros sufrÃamos un efecto absolutamente contrario. El calor aumentaba de modo inquietante y en aquel momento debÃa alcanzar los cuarenta grados.