Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra ¿Qué significaba semejante cambio? Hasta entonces los hechos habían dado la razón a las teorías de Davy y de Lidenbrock; condiciones particulares de rocas refractarias, electricidad y magnetismo habían modificado las leyes generales de la naturaleza creando una temperatura moderada, porque a mis ojos la teoría del fuego central seguía siendo la única verdadera, la auténtica explicable. ¿Íbamos a volver a un medio en el que aquellos fenómenos se cumplían en todo su rigor, y en el que el calor reducía las rocas a un total estado de fusión? Eso es lo que me temía, y se lo dije al profesor:
—Si no nos ahogamos, ni nos estrellamos, ni nos morimos de hambre, siempre nos queda la posibilidad de cocernos vivos.
Se contentó con encogerse de hombros y volvió a sumirse en sus reflexiones.
Transcurrió una hora, y salvo un ligero aumento de la temperatura, ningún accidente vino a modificar la situación. Por fin mi tío rompió el silencio.
—Veamos, hay que tomar una decisión —dijo.
—¿Tomar una decisión? —pregunté.
—Sí. Hay que reparar nuestras fuerzas. Si tratamos de conservar estos restos de alimento, intentando prolongar nuestra existencia algunas horas, nos sentiremos débiles hasta el final.
—Sí, hasta el final; que no se hará esperar.