Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —Pero si se presenta una oportunidad de salvación, si es necesario un momento de acción, ¿dónde encontraremos las fuerzas para actuar si nos dejamos debilitar por la inanición?
—TÃo, una vez devorado ese trozo de carne, ¿qué nos quedará?
—Nada más, Axel, nada. Pero ¿te alimentará más comerlo con los ojos? Esos razonamientos son los de un hombre sin voluntad, un ser sin energÃa.
—¿TodavÃa le quedan esperanzas? —exclamé yo irritado.
—Sà —replicó con firmeza el profesor.
—¡Cómo!, ¿todavÃa cree que existe alguna posibilidad de salvación?
—SÃ, desde luego; mientras el corazón late, mientras la carne palpita, no admito que un ser dotado de voluntad permita que la desesperación anide en él.
¡Qué palabras! El hombre que las pronunciaba en semejantes circunstancias era, desde luego, de un temple poco común.
—En fin —dije—, ¿qué pretende hacer?
—Comer lo que queda de alimento hasta la última migaja y reparar nuestras fuerzas perdidas. Esa comida será la última, de acuerdo, pero, al menos, en lugar de estar agotados, nos convertiremos de nuevo en hombres.
—Pues bien, ¡comamos! —exclamé.