Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —¿Se va a interrumpir la erupción? —pregunté.
—Ah —dijo mi tÃo con los dientes apretados—, ¿temes eso, muchacho?; tranquilÃzate, este momento de calma no puede prolongarse, hace cinco minutos que dura, y dentro de poco proseguiremos nuestra marcha hacia el orificio del cráter.
Mientras hablaba, el profesor consultaba su cronómetro. Se confirmaron sus pronósticos: pronto reanudó la balsa un movimiento rápido y desordenado que duró aproximadamente dos minutos antes de detenerse de nuevo.
—Bueno —dijo mi tÃo mirando la hora—, dentro de diez minutos reanudará su camino.
—¿Diez minutos?
—SÃ. Estamos en un volcán cuya erupción es intermitente. Nos deja respirar con él.
Estaba en lo cierto. En el minuto justo fuimos lanzados de nuevo con la mayor rapidez. HabÃa que aferrarse a los troncos para no salir despedido fuera de la balsa. Luego, se frenó el impulso.
Después he reflexionado sobre este singular fenómeno sin hallarle una explicación suficiente. Sin embargo, me parece evidente que no ocupábamos la chimenea central del volcán, sino un conducto accesorio, donde se dejaba sentir un efecto secundario.