Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra «No, no —me repetÃa—, no, no hablaré. QuerrÃa ir, le conozco; nada podrÃa detenerle. Es una imaginación volcánica, y por hacer lo que otros geólogos no han hecho, arriesgarÃa su vida. Me callaré; guardaré este secreto del que me ha hecho dueño el azar. Descubrirlo serÃa matar al profesor Lidenbrock. ¡Que lo adivine si puede! No quiero reprocharme un dÃa haberle conducido a su perdición».
Una vez que decidà esto me crucé de brazos, y esperé. Pero no habÃa contado con un incidente que se produjo algunas horas más tarde.
Me crucé de brazos, y esperé.
Cuando Marthe quiso salir de la casa para dirigirse al mercado, encontró la puerta cerrada. La gruesa llave no estaba en la cerradura. ¿Quién la habÃa quitado? Evidentemente mi tÃo, cuando regresó la vÃspera después de su precipitada excursión.